Del miedo a la enfermedad

Cuando vivimos con el miedo en nuestro cuerpo, durante un periodo largo de tiempo, la situación nos obliga a estar constantemente focalizados en la amenaza que lo provoca. Para conseguirlo nuestro cuerpo genera toda la química necesaria para sostener esta focalización.

Evidentemente, en un pasado lejano, una amenaza podía equivaler a vivir o morir, y por esto nuestro cuerpo evolucionó para centrarse en la supervivencia. Una vez superada la amenaza (ya sea la aparición de un depredador, el ataque de un enemigo, etc.) nuestro cuerpo volvía a su normalidad.

Pero en nuestro mundo actual las amenazas pueden estar provocadas por todo tipo de interacciones con el resto de la sociedad o con nosotros mismos, ya sean familiares, compañeros de trabajo, nuestro futuro económico y/o vital, etc. Y por ello pueden volverse constantes y permanentes a lo largo de largos periodos de nuestra vida. Y el miedo asociado a dichas amenazas nos pueden conducir a cualquier tipo de enfermedad o dolencia crónica.

De hecho, para enfrentarnos a nuestros miedos tenemos diferentes estrategias de supervivencia, en función de cada uno de nosotros y que se centran en:

  • Neutralizar el miedo
  • Destruir lo que nos produce el miedo
  • Evitar y rehuir lo que provoca el miedo
  • Someterse al miedo

Y cada una de estas estrategias de supervivencia, con el paso del tiempo y si el miedo no desaparece o no se supera, nos provocará distintos tipos de enfermedades o dolencias.

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